Los breves, pero intensos, momentos en que alguien le ha hecho al autor una entrevista, o que éste ha conseguido hacerle creer a alguno que era digno de un galardón. Miseria en estado puro. Al día de hoy existen 12 artículos en esta sección de
Orsai.
Aquí un resumen de cada uno:
Hace dos semanas estábamos encerrados en el camarín del Teatro Margarita Xirgu, esperando que unas seiscientas personas se acomodaran en sus butacas para salir al escenario. Como no somos artistas de variedades, ni cantantes, ni actores, el Chiri y yo estábamos cagados en las patas. Pero también felices y expectantes. Cuando faltaba un minuto para las siete, publiqué en Orsai el texto llamado "Dice el Chiri, dice el Gordo", con las palabras que diríamos al comienzo. Después respiramos profundo y salimos a hablar.
Siete de la tarde en Buenos Aires. El teatro Margarita Xirgu está en silencio; una multitud de lectores ha llegado desde diferentes lugares de Argentina para oír la presentación de un libro. En una mesa vacía, sobre el escenario, esperan dos personas que se conocen desde hace, exactamente, treinta años. Uno ha llegado allí desde Luján; el otro, desde Barcelona. El más gordo de los dos ha escrito un libro; el más flaco está ahí haciéndole el aguante, como corresponde. El que se llama Chiri, muerto de miedo, empieza a hablar.
El próximo 1ª de julio, por fin, las librerías argentinas tendrán una versión de
Orsai en papel. En la tapa del libro, diseñada por la gente de Sudamericana, se observa a un pobre toro ibérico sodomizado por una vaca argentina mimosa (
ver una ampliación de esa portada). Por eso hoy, en lugar del habitual texto de los martes, dejo abiertos los comentarios para que los lectores, a los que rara vez les contesto, puedan preguntarme lo que quieran. Mañana responderé las preguntas más escabrosas.
A su regreso de México, mi amigo Comequechu nos contó una historia. Dice que va paseando, con su mujer y su hija, por las calles de Jalisco y entonces descubre, a dos pasos, la imponente Universidad de Guadalajara. En la puerta hay un cartelito con información para turistas, y lee que allí están los bustos de todos los ganadores del premio Juan Rulfo de literatura, que concede esa casa desde 1991. Sin dudarlo, arrastra a su familia por los pasillos. “Vamos a ver el monumento a Cayota”, les dice.
Esta semana una periodista (de revista argentina cuyo nombre no develaré) me pide un reportaje. Le digo que bueno. Ya expliqué
un día lo que cuesta responder mil veces lo mismo, y de lo agradable que resulta cuando esto no ocurre. Uno siempre espera algo de piedad; pocas veces te dan el gusto. Esta vez tampoco hubo suerte. La primera inquietud del cuestionario era la de siempre:
¿Cómo descubriste el mundo de los blogs? La tercera era peor:
¿Cuándo sentiste que eras un blogger? Pero lo más triste, ay, aún estaba por llegar.
Tengo un amigo zanquista que trabaja en las inauguraciones de los hipermercados, o en los actos políticos, o en las ferias y los congresos, o en cualquier lado donde hagan falta saltimbanquis. Lo contratan, él se disfraza de payaso, se sube a los zancos y empieza a hacer piruetas. Un día me dijo que lo único que le molestaba de su oficio era que siempre, siempre, se aparecía un tipo que, suponiendo ser original, le preguntaba:
“Che, flaco, ¿hace frío ahí arriba?”
Nunca en la puta vida me hubiera imaginado que el diario, siempre plagado de maremotos y de incendios de discotecas, pudiera traer alguna vez una buena noticia. Pero se ve que el periodismo está cambiando, o por ahí el que está cambiando es el mundo. La cosa es que el 2005 empezó muy bien.
El jueves 28 el diario español
El País, en apariencia el más serio de la lengua cervantina, publica un artículo que da por sentado que
Mirta Bertotti existe. ¡Plop!
La despedida de Mirta Bertotti, que ocurrirá la semana que viene, fue noticia hoy en el diario argentino La Nación. A raíz de esto, me veo en la penosa obligación de inaugurar la sección Segundos de Fama.
El domingo apareció en el diario español La Vanguardia un artículo sobre las dos historias de ficción que escribo en Internet. Posiblemente los lectores de Orsai conozcan de sobra qué es una
blogonovela, pero el público en general no tiene la menor idea, como Dios manda. Atenti, que es un hecho histórico. (Sobre todo porque habla a favor: que sinó no la pongo ni en pedo.)
Después de la verborrea del viernes, tuve hace un rato una segunda oportunidad en Radio Continental, con Alejandro Apo, en la previa del partido de River. Como me recomendaron mis amigos, esta vez mientras esperaba la entrada me fumé un cuarto de porro, y puedo jurar que todo fue igual de desastroso. La ventaja es que esta vez no me importó.
Algunas historias de Mirta han saltado los límites de su cuadernito, y eso me alegra muchísimo. La más notoria, hasta ayer, había sido "el post del mate". Con diferentes títulos, casi nunca citando la fuente y no siempre fiel al original, ese capítulo de la Gorda recorrió el mundo, metiéndose en el Outlook de los argentinos nostálgicos de cualquier parte del planeta. Pero la repercusión que ha tenido (y aún tiene) la carta de ayer a Diego Maradona, me dejó patitieso.