Piezas de ficción teatral con dos personajes de cinco años que hablan con la voz del corazón. Un corazón roto por la soledad y unas madres aterradoras. Una mirada estúpida sobre la infancia. Al día de hoy existen 12 artículos en esta sección de
Orsai.
Aquí un resumen de cada uno:
Fría mañana de sábado en Mercedes. En la vereda oeste de la casa velatoria Rossi un pequeño grupo de personas fuma en silencio y hace tiempo para entrar. En el interior de la sala hay otros corrillos, otros grupos, que conversan en voz baja de espaldas a un ataúd donde reposa el cadáver de un viejo. Casi todos los concurrentes son personas mayores vestidas de negro. Por eso destacan, junto al féretro, dos niños de cinco años.
LUCAS acaba de llegar. En cambio
ALEX está allí desde temprano.
Cuando se abre el telón, Alex y Lucas ya ocupan el centro de la escena, y están conversando con tranquilidad. No tienen más de cinco años cada uno, y son amigos desde siempre. Están en el arenero de la plaza del Hospital, rodeados de moldes, baldes de colores y juguetes. Es una mañana calurosa en Mercedes.
LUCAS.- Ayer a la tarde estaba medio tristón, medio melancólico, y me puse a gatear en cuatro patas por el comedor.
ALEX.- Onda revival.
Primer Acto. Ocho treinta de la mañana. Es un plácido día de sol en Mercedes y todos los niños del jardín de infantes revolotean alrededor de las hamacas y los subibajas. Lucas y Alex, dos amigos de cinco años, conversan durante el recreo. ALEX: Mañana se cumple un año desde la última vez que me cagué encima. ¿Vos creés que ya puedo bajar la guardia y dejar de pensar en el tema? LUCAS:
(Ausente.) No sé. ALEX: Debe ser como los ex alcohólicos. En cualquier momento puedo tener una recaída. Qué se yo, una ciruela pasada, un perro que te ladra.
Lucas y Alex, dos chicos de cinco años, se pasaron una tarde entera discutiendo sobre los derechos y las obligaciones de los grandes, y llegaron a la conclusión de que la Constitución Nacional es el problema por el que todo el mundo está aburrido o dice mentiras. Entonces agarraron papel y lápiz y redactaron 165 artículos de una nueva Constitución. Como el tiempo de la infancia es tirano, aquí sólo reproducimos algunos fragmentos interesantes.
Lucas y Alex, dos amigos de cinco años, conversan sentados en el patio del Jardín durante un recreo. Son las diez treinta de la mañana en Mercedes, el sol de la primavera salpica el arenero con colores brillantes, y nuestros pequeños aprovechan para compartir un sánguche de jamón cocido y queso mardelplata mientras ven pasar la vida.
Lucas y Alex, dos amigos de cinco años, están jugando en la placita del Hospital una tarde de verano. Lucas le tira piedras a las palomas, y Alex se queda mirando a un viejo que está sentado, como dormido, en un banco de madera. Ya se barrunta la llegada del otoño porque Mercedes está lleno de hojas que crujen. Los dos niños se dejan llevar, como cada tarde, por la conversación infantil.
Lucas y Alex tienen previsto encontrarse en la placita del hospital, como cada tarde, pero una tormenta les modifica los planes. Desde sus casas, aburridos de ver el chaparrón por la ventana, se conectan a internet y mantienen su charlita de siempre, esta vez separados por seis cuadras de distancia.
Once y media de la mañana. Lucas y Alex juegan en el arenero, durante el recreo largo. Alex, más retraído que de costumbre, espera el momento propicio para confesarle algo a su amigo. ALEX.-
(con tacto) Sentáte acá en la arena, que te tengo que decir algo importante.
Once de la mañana, comedor de la casa de Alex. Los dos amiguitos, de cinco años, miran el Disney Channel sin ganas, mientras toman el Nesquick. Lucas hojea una revista y pone mute intempestivamente con el control remoto. LUCAS.- (haciendo zapping) Ya me empieza a romper las pelotas todo este tema de los "niños índigo".
Lucas y Alex juegan en la placita del Hospital, bajo un sol radiante. Cada uno en un extremo del subibaja, conversan al ritmo del ir y venir de sus cuerpos. Tarde de miércoles en Mercedes. ALEX.- Estoy medio confundido, Lucas: ayer se me paró el pito, pero no sé si asustarme o ponerme contento.
Diez de la mañana.
Alex y
Lucas están haciendo monigotes de arcilla en la mesita de Sala Verde, supervisados a veces por la señorita Claudia, y otras veces solos. Los demás niños, en grupos de a dos, hacen lo mismo en otras mesas. ALEX.- Ahora es un viva la pepa, pero el año que viene olvidate de la plastilina, de cantar el elefante trompita, del vaso plegable.
Cuando se abre el telón
Alex y
Lucas ya están en el centro de la escena, conversando sin mirarse. No tienen más de cinco años cada uno. Están en el arenero de un espacio público, rodeados de baldecitos, moldes y juguetes. ALEX.-
(Colocando arena en su balde) Estoy medio preocupado, ¿sabés? Ayer los vi a mis viejos cogiendo.