Martes 29 de Abril, 2008
Fútbol color de rosa
por Hernán Casciari

Luciano Moggi, ex director general de la Juventus (el club italiano), dijo esta semana que los homosexuales no pueden jugar al fútbol. Por supuesto la prensa lo crucificó, la opinión pública lo llamó homófobo y también lo llamó retrógrado, y las asociaciones de gays y lesbianas pusieron el grito en el cielo. Es decir, lo de siempre. A mí me gustaría, sin embargo, romper una lanza por el pobre señor Luciano Moggi. Defenderlo en su postura. Porque, como a él, a mí me gusta el fútbol tradicional, el de toda la vida.

Me gusta el fútbol de los jugadores con pelo en pecho, aguerridos, el fútbol del viejo Di Stéfano, de Leopoldo Jacinto Luque… Y creo que las nuevas formas de la sexualidad le están haciendo daño a éste y a la mayoría de los deportes nobles.

Así que —aprovechando esta sección breve— quisiera agregar diez nuevos mandamientos para el fútbol moderno, comenzando, claro, con el primer precepto de Moggi:

1) Los homosexuales no pueden jugar al fútbol.

2) Los bisexuales sí pueden, pero solamente el primer tiempo.

3) Los onanistas no pueden tocar la pelota con la mano.

4) Los travestis que se van a la B se convierten en gente disfrazada.

5) Los pederastas no pueden jugar el Mundial Sub-17.

6) Los adictos al porno casero sólo pueden jugar fútbol amateur.

7) Los transexuales tienen prohibido pedir el cambio.

8) Los eyaculadores precoces no pueden hacer precalentamiento.

9) Los masoquistas que finjan una lesión serán expulsados del partido (y del masoquismo).

10) Los fetichistas sólo pueden jugar al metegol.

Yo creo que si cumplimos con estos preceptos, el fútbol volverá a ser un deporte de hombres decentes.

Addenda
El artículo de aquí arriba apareció esta mañana en el Diario Público, de España, y la versión original se podrá ver aquí. Opté por una síntesis humorística sobre las declaraciones del dirigente italiano, pero mientras lo escuchaba hablar por la tele, mientras el hombre decía aquello de que un homosexual no puede jugar a la pelota, me quedé pensando, seriamente, en las palabras “no puede”.

¿De qué clase de “no puede” hablaba Moggi?

Así, a mano alzada, yo creo que hay cuatro posibilidades: primero podría hablar de un impedimento moral (que es como decir “un judío no puede comer jamón”); después está la opción del impedimento físico (que es como si Moggi hubiera dicho “un señor bajito no puede jugar en la NBA”); o quizá se refiriese al impedimento legal (que sería como decir “un sacerdote no puede ser pederasta”); o por ahí se refería a un impedimento estético (por ejemplo: “una chica llena de granos no puede ser dermatóloga”).

¿Qué dijo Moggi entonces? ¿Cuál fue el enfoque de su “no puede”? ¿Sugirió que la estética gay (camisas floreadas, pañuelos al cuello, etcétera) es inadecuada para jugar a la pelota? ¿Insinuó que no es moralmente recomendable que se duchen desnudos heterosexuales y homosexuales en los vestuarios? ¿Propuso prohibir la participación de futbolistas que demuestren sensibilidad femenina? ¿O dio a entender que la fragilidad física del gay no soportaría la patada de un centrojás uruguayo a la altura del peroné? ¿Qué dijo?

Lo más fácil es referirse a la discriminación que sufren las personas por sus elecciones sexuales. Pero me parece contradictorio que un grupo de gente que organiza cada dos años un Mundial de Fútbol Gay (en el que sólo pueden participar homosexuales) se enoje tanto con las declaraciones de un señor que pretende una exclusión idéntica, pero al revés. Al cierre de esta edición sigo sin saber —exactamente— qué es lo que no se puede.

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