Martes 01 de Febrero, 2005
Experimentos con un cachorro
por Hernán Casciari

Siempre me gustó el chiste del científico que experimenta con un cachorro mientras le corta las patas. Al cortarle la trasera y llamarlo a su lado, el científico apunta en su libreta: "Con tres patas, el perrito llega más cansado". Al cortarle dos y llamarlo, anota: "Con la mitad de sus miebros, llega a mi lado exhausto". Al cortarle todas las patas y llamar al can, refiere el científico en su diario: "Sin patas, los cachorros se quedan sordos".

Este chascarrillo tiene, para mi gusto, la dosis exacta de crueldad, inocencia y absurdo. Pero también nos brinda una moraleja: siempre se cometen errores cuando se experimenta en voz alta. Por eso esto que haré hoy en Orsai (narrar un experimiento) es posible que esté lleno de desvaríos.

Cuando, hace ya un año, tuve el berretín de inaugurar esta bitácora, fue porque me resultaba necesario salirme un poco de Mirta para contar la experiencia. Por eso el nombre del blog: Orsai significa, como se sabe: "fuera de juego". Y hoy vuelvo a este espacio para compartir los detalles de una nueva performance literaria: la de Juan Dámaso, vidente.

Como adelanté en una pequeña entrada la semana anterior, hace exactamente un mes puse en marcha un nuevo diario de ficción, en la línea de Mujer Gorda o el Diario de Letizia Ortiz; es decir: cerrando inicialmente la puerta de la autoría —escondiéndome detrás de un personaje— y dejando abierta la ventana de lo probable; o lo que es lo mismo, generando en el lector desprevenido la posibilidad de que eso que lee sea la puta verdad.

Ya a estas alturas es posible llegar a dos conclusiones importantes con respecto a la ficción literaria online, o blogonovela, o como corno se la defina en el futuro: 1) sus posibilidades no se agotan en formato alguno -esto es una buena noticia-; y 2) el lector que navega por la Red recibe la ficción con inusitada algarabía.

Tanto Mujer Gorda, en su momento, como Letiza Ortiz más tarde, ocuparon el primer lugar entre los weblogs más leídos en español. Nunca del modo exagerado con que hoy lidera el rubro Juan Dámaso, pero sí con cierta claridad.

Esto significa que existen lectores dispuestos a recorrer el camino de la ficción en los weblogs, y también significa que la gigantesca lista de bitácoras que hablan sobre bitácoras, o sobre las modernidad encriptada, y que se encierran en élites tontorronas de liderazgo infantil, y que se mueren por aparecer en la prensa tradicional que al mismo tiempo repudian, no sólo son productos mediocres en su mayoría, repetitivos y adolescentes, sino que además no le interesan mayormente a nadie. O a ellos mismos. Eso no está mal, claro. Lo que está mal es que se les dé a ellos la supuesta hegemonía o batuta de un formato con el que no saben qué hacer.

A mí, la verdad, me sigue llamando poderosamente la atención que aún los escritores no hayan hecho un uso masivo de este formato. Es que no sólo se trata de una plataforma literaria técnicamente sencilla, sino que posee una capacidad de llegada mucho más efectiva que enviar manuscritos a las editoriales, que es lo que se hacía el siglo pasado.

Existe un halo de frivolidad, de momento. La ficción online que parte de un blog está mal vista por los gurús (esta palabra me da mucha risa), pues sospechan que es fácil componer un éxito. A la gente seria que escribe bitácoras y se pasa el día linkeando bitácoras, parece que le cuesta muchísimo referirse a los proyectos de ficción que, literalmente, arrasan en su terreno. "No hablo de esto porque es frívolo", pareciera ser la postura desde el pedestal.

Por si hubiese narradores interesados en este proceso creativo (en realidad no dudo de que se trata de una forma literaria en sí misma que acaba de surgir y que crecerá espontáneamente con el tiempo) daré algún pantallazo sobre el tema, como el científico que le corta las patitas a los cachorros:

Para empezar, es fundamental que el eje narrativo del relato se entienda rapidísimo, a un golpe de vista, y que resulte mínimamente atractivo. "Una vieja de pueblo cuenta intimidades sobre su familia". "Un tipo predice desgracias y se alegra cuando ocurren". "Una princesa periodista escribe a espaldas de la Monarquía". (Esas han sido mis cartas, pero está claro que hay mil). La complejidad del plot aburre y, sobre todo, es difícil de recomendar en el boca a boca de un foro, o un chat, o un mail.

Siguiendo un orden argumental, la "suspensión de realidad" mejora mucho si aquello que se narra es dable de ocurrir. No importa que sea probable, pero sí que resulte posible. Han habido intentos de ficción que han fallado en este punto, como por ejemplo el Diario de Papá Noel o el Blog de un perro. Es casi imposible que a alguien le importe que un desconocido se haga pasar por un perro o por un personaje del Polo Norte que, trasca, son los padres.

Por esto, en ningún caso es recomendable poner por delante el carnet de la literatura, ni hacer bandera de ficción, ni explicar que estamos frente a una creación literaria, porque esto espanta mucho a la gente, que solo quiere divertirse sin pedagogía. Cuanto menos se vean los hilos de la marioneta (en un principio) mejor. Luego, cuando el lector ya esté habituado y no le importe —cuando lo hayamos agarrado de los huevos— podremos quitar algunos velos sin peligro.

Y es que generar interacción, y que ésta semeje realidad, es casi tan importante como narrar. Escribir ficción online no significa hacer copy paste de cuentos y publicarlos en una bitácora. Muchos optan por ello creyendo que escriben online, y lo que hacen es "radio en la tele".

Ficción en la red es otra cosa, incluso mucho más desafiante que escribir: se trata de utilizar recursos nuevos para hacer rodar una historia a través de códigos que no se habían utilizado aún. La relación entre el personaje y sus lectores debe estar viva, presente y resultar atractiva y veloz.

En mi experiencia, resulta vital elegir un target antes de volcarse al papel. Un grupo humano, unas edades estimadas, una determinada forma de pensar. Dentro de lo posible, no abarcar demasiado ni resultar excesivamente explícito en la búsqueda. Pero tener siempre presente a quién se le está contando la historia.

También es bueno un consejo que daba Horacio Quiroga para los cuentos: no se debe dar jamás la impresión de que nos importa la llegada de lectores. Quien sea que escriba —es decir, el personaje elegido como motor— lo hará por motivos distintos, personales, secretos, e incluso debe dar la impresión de que es mejor si no llega nadie a la página. El personaje principal debe fingir que sospecha que Internet es una caja vacía. Que el lector se sienta incialmente un voyeur o un espía morboso es, siempre, la primera artimaña de seducción.

Para esto, es fundamental tener (o formar un equipo idóneo que los tenga) conocimientos fuertes en diseño y programación, pero no para alardear de ello, sino para ponerlo al servicio de la navegabilidad y la interactividad que necesite la historia. En lo posible, que estos recursos se noten poco.

Y por último, elegir un argumento que no nos resulte difícil desarrollar en el largo plazo, que no nos asfixie. Algo que esté dentro de nosotros; pues deberemos convertirnos en un personaje que no nos cueste trabajo imitar.

Ojalá haya narradores, jóvenes o no, leyendo este artículo, y que estas puntualizaciones torpes le sirvan a alguien para algo.

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