Martes 13 de Abril, 2004
Utopía del nombre
por Hernán Casciari

Yo habría querido llamarme de otra forma, con un nombre que las personas no pudieran olvidar ni a palos, un nombre que sonara importante en las marquesinas y por el que nadie tuviera que preguntar "¿y eso cómo se escribe, con ese o con cé?.

Un nombre de fácil entrada pero no por eso simple; un nombre rápido y al mismo tiempo misterioso, como el ferrocarril de Londres. Que a las mujeres les entren deseos de estar conmigo, y que digan "si se llama así debe tener mucho mundo, pero también muchas ganas de quedarse toda la noche en mi cama".

Que los gerentes de los bancos digan:

—Haber empezado por ahí..., si ese es su nombre, olvidémonos ahora mismo de las garantías: aquí está el monto que pide, devuélvalo como pueda.

Que mis amigos se cansen de contar mis anécdotas a sus amigos, pero no por las historias que encierran, que pueden ser cómicas o heroicas o no, sino porque le ocurren a un tipo que se llama de ese modo armónico y métrico. Que den ganas de decir ese nombre a solas, y que dicho muchas veces, sin respirar, parezca que se está cantando una música en honor al poseedor del nombre.

Que las personas olviden la fealdad del rostro, o el dinero adeudado, o las bajezas del dueño del nombre, y que sólo puedan recordar el nombre, y que, al hacerlo, nadie logre dejar de sonreír vagamente.

Un nombre por el que los grandes escritores deban llamarme por teléfono para pedirme el permiso de utilizarlo en sus obras, un nombre que a las dataentries de la empresa telefónica les dé gusto tipiar, y que mes a mes se peleen para ocupar la sección en donde se escribe ese nombre, en letra mayúscula, sobre el ángulo superior de la papeleta del impuesto. Un nombre sonoro, pero no rimbombante. Ni largo ni corto.

Que nadie pueda asegurar si es español o portugués, ni si es francés o árabe, pero que a todos les suene familiar, como si pensaran que es uno de los apellidos maternos de las madres de la madre, algo cercano pero perdido, como la inocencia de las chicas que se acuestan antes de estar convencidas del todo.

Un nombre que tanto pueda ser masculino como no, pero que una vez puesto, sólo pueda ser posible que sea lo que es. Un nombre por el que los responsables de las enciclopedias deban decir "ya sé que este buen señor no ha hecho nada importante, pero debemos incluirlo igual en el apéndice biográfico".

Si está escrito, que no haya ciego que no lo pueda ver, y si no está escrito, que nadie tenga que pensarlo dos veces. Un nombre que envidien los astros del deporte, quienes de buena gana querrían canjearme sus mejores acrobacias por las letras de ese nombre.

Un nombre que me provoque caminar por la vereda sacando pecho. Un nombre que gane todos los pleitos legales sin necesidad de que tenga que ir a los tribunales a defenderme.

Para decirlo más fácil: un nombre que, puesto al lado del resto de los nombres, haga descender cualquier doble apellido a la categoría de mote de barrio.

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