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Ayer di por finalizada la primera etapa de un experimento de ficción llamado Más respeto, que soy tu madre, en el que usé el recurso de la bitácora (una herramienta de publicación cronológica de contenidos en internet) para contar una historia costumbrista desde la subjetiva de un ama de casa argentina de clase media. La repercusión del proyecto fue tan asombrosa que me gustaría compartir algunos detalles con el lector.
La idea nació como un juego en el que intenté hacer un pequeño homenaje a mi ciudad natal, Mercedes, o al menos sentirme cerca de su gente; increíblemente, y a pesar de la enorme cantidad de lectores de otos países que se interesaron por la historia, su desarrollo nunca perdió del todo esa mínima premisa. Ese logro, por supuesto, no fue mío sino de los comentaristas y seguidores del relato.
Durante todo el proceso quise generar la ilusión de que la protagonista de la historia —Mirta Bertotti— escribía realmente un diario personal, ayudada en la parte técnica por un supuesto hijo informático, a efectos de lograr una completa 'suspensión de la realidad' en la audiencia. Con ello se generó un reglamento tácito en el que los lectores nunca hablaron conmigo sino con el personaje, incluso sabiendo que éste no existía.
Desde el principio —y durante los dos primeros meses— hubo una serie de debates en otros espacios virtuales, en donde los lectores se preguntaban sobre la existencia del personaje, sobre la veracidad de sus historias y la posibilidad real del contexto en que interactuaba. Más tarde, cuando la ficción se tornó evidente, fueron necesarios rótulos para definir el género. Si no me equivoco, la palabra 'blogonovela' se pronunció por primera vez en Tribuna Libre, en referencia al WDUMG, y se institucionalizó en un programa de televisión sobre tecnología, meses más tarde. En general, las críticas alrededor del proyecto han sido inmejorables.
A pesar de un lenguaje con demasiado lunfardo argentino, los lectores de Más respeto, que soy tu madre se han acercado a la historia desde diferentes países, edades y clases sociales, generando, gracias a esto, un intercambio de ideas y opiniones en los comentarios que, muchas veces, resultó mucho más enriquecedor que el capítulo en sí mismo.
Españoles, argentinos e hispanos de Norteamérica (casi en idéntica proporción), junto al resto de países de habla castellana, leyeron y escribieron sobre ideas comunes y universales, o dieron su visión particular sobre infinidad de cuestiones, manteniendo, sin excepción durante cinco mil comentarios, un clima de infrecuente cordialidad.
La primera etapa de Más respeto, que soy tu madre llegó a su fin escapando de los motivos tópicos que sirven como excusa para dar por terminado un blog. 'Mirta Bertotti' no deja de escribir por cansancio, ni por la incomprensión del mundo, ni por falta de lectores, ni por un descenso de la audiencia, ni porque ya no le resulte placentero hacerlo. El personaje, según ha dicho, ha dejado de escribir porque merece vacaciones (y si ella lo dice, será cierto).
La experiencia, en lo personal, ha sido riquísima e intransferible. Recomiendo con efusividad a escritores y periodistas incursionar en este género, que posee las grandes ventajas de la literatura y de la columna editorial, y carece de sus desventajas evidentes. Como literatura, posee la inmediatez de respuesta que sólo nos da la publicación diaria; y como periodismo, la posibilidad de mentir sin ir presos (opción que sólo nos brinda la ficción o la actividad política).
Mirta Bertotti volverá en abril con su segunda y última etapa, posiblemente con un concepto diferente (post más cortos, o más espaciados en el tiempo), y dejaré de publicarla definitivamente el 1º de agosto de 2004, dejando la posta a otros autores que quieran fusionar el viejo folletín con las nuevas tecnologías. Pero más que nada, porque quiero dedicarme de lleno a otros proyectos, como este Orsai que comienza hoy.
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